Una entrada extraña

by Raez Dupon

No me gusta mi voz al escribir. En realidad no sé si es mía, si es de este yo y no de otro, si no es una copia de tantas, y todas, una serie algo defectuosa. No he escrito más que un puñado de cosas, un vocabulario pobre, una estructura forzada, un contenido muy trillado y aburrido. Piezas de corta extensión, además: cualquer intento de elaborar algo más amplio acaba con el mundo completamente desmoronado, el documento en la basura. Me reconforta pensar que es ésta una necesidad tardía: no hay diario escondido, ni gran biblioteca, ni inquietudes profundas, ni un entorno propicio, ni cuaderno de poemas escondido en mi niñez, mi adolescencia, mi juventud temprana. Es éste el momento de escribir, sin duda, aunque no me guste. En el futuro tendré que confrontar unas voces y otras y, sospecho, de muy pocos relatos podré sentirme satisfecho o, al menos, no demasiado avergonzado. Es el presente un trámite necesario e interminable, inabarcable: algún día, en un futuro inexistente, desubicado, descolocado, cobrará sentido esa frase de L.P. Hartley que abre su maravillosa novela The Go-Between: “el pasado es un país extranjero: allí hacen las cosas de manera diferente”.

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